Perfil de LinkedIn ·
Recomendaciones de LinkedIn: cómo pedirlas y cómo escribirlas para que valgan algo
La sección de recomendaciones de LinkedIn parece un vestigio: un rincón del perfil donde a mediados de los 2010 la gente intercambiaba elogios formales, y que en 2020 muchos daban por muerto. En 2026 vuelve a importar, precisamente porque el resto del perfil se ha vuelto sospechoso. En un contexto donde el titular, el Acerca de y hasta el banner pueden estar generados con IA, una recomendación firmada por otra persona es una de las pocas señales que un lector puede verificar.
Esta guía cubre las dos caras del asunto: cómo pedir recomendaciones que valgan algo (y a quién), y cómo escribir una recomendación para otra persona sin caer en la plantilla anodina que casi todo el mundo firma. Con ejemplos de qué funciona en 2026 y qué se lee en tres segundos como texto vacío.
Por Sheena de PunkVoice · Editado por Mario Pérez

Por qué las recomendaciones vuelven a importar en 2026
Durante la década pasada, la sección de recomendaciones fue perdiendo peso porque el contenido dentro se profesionalizó en el mal sentido: elogios genéricos, plantilla intercambiable, cero fricción. Un lector avanzado las ignoraba porque sabía que se pedían por compromiso y se escribían en dos minutos.
En 2026, con el resto del perfil bajo sospecha de haberse escrito con IA, una recomendación bien escrita se lee de golpe como una señal humana verificable. Aparece nombre y foto de quien la firma, cargo, empresa, y basta un clic para comprobar si esa persona existe y tiene una relación real con el perfil recomendado. Ninguna otra pieza del perfil ofrece ese nivel de trazabilidad.
El buscador interno de LinkedIn también volvió a ponderarlas: perfiles con dos o tres recomendaciones específicas y recientes aparecen mejor en resultados de recruiters y compradores B2B que perfiles con un Acerca de brillante pero sin firmas humanas encima. La señal barata volvió a valer cara.
A quién pedir recomendaciones para que sirvan de algo
El error clásico es pedirlas a mucha gente y con poco criterio. Cuatro o cinco recomendaciones muy específicas de las personas correctas pesan mucho más que quince genéricas de excompañeros con los que apenas cruzaste un proyecto.
Las personas correctas son las que tienen algo concreto que contar sobre tu trabajo. Un antiguo jefe directo que te asignó proyectos y vio los resultados. Un cliente para el que resolviste algo específico y medible. Un colega con el que compartiste una decisión difícil. Un proveedor con el que negociaste condiciones no triviales. Cada uno de ellos puede escribir un párrafo con detalles que nadie más podría inventar.
Las personas equivocadas son las que solo pueden repetir generalidades: gente que te conoce socialmente pero no profesionalmente, exalumnos con los que coincidiste en un curso, contactos de eventos que apenas te vieron trabajar. Su recomendación, por bien intencionada que sea, se lee como plantilla y baja el promedio de calidad de tu sección.
Cómo pedir una recomendación para que la persona escriba algo útil
Un mensaje de petición estándar de LinkedIn («¿te importaría escribir una recomendación?») produce, en el mejor de los casos, un texto plantilla. La razón no es mala voluntad, es que la persona no sabe qué contar, y sin material concreto tira de fórmulas genéricas. La solución es dar material.
Un mensaje que funciona incluye tres elementos: un recordatorio específico del proyecto o época compartida (una anécdota, una decisión, un resultado), una sugerencia de dos o tres puntos que sería útil que tocase (no un texto redactado, solo pistas), y una instrucción explícita de longitud (cuatro o cinco frases suele bastar). Ese formato baja la fricción del que escribe y sube muchísimo la calidad del texto final.
Un ejemplo real: «Enrique, ¿te importaría escribirme una recomendación en LinkedIn? Pensaba sobre todo en el proyecto de X en Y, cuando decidimos cambiar el enfoque a mitad de camino y salió bien. Si te encaja, cuatro o cinco frases mencionando cómo llevé el cambio con el equipo y el resultado que sacamos. No hace falta que sea largo, prefiero algo concreto que un elogio general. Gracias».
Cómo escribir una recomendación que la otra persona quiera enseñar
Cuando eres tú quien escribe, tienes una oportunidad rara: puedes producir en tres párrafos algo que la persona recomendada va a exhibir en la sección más leída de su perfil durante años. Merece la pena hacerlo bien.
Una recomendación que la persona quiere enseñar tiene tres partes: el contexto verificable (dónde, cuándo, en qué trabajasteis juntos y en qué relación), la anécdota concreta (una decisión, un resultado, una situación difícil, con al menos un detalle nombrable que solo tú puedes citar), y el juicio profesional propio (qué crees tú que la persona hace mejor que la media, sin adjetivos vacíos, con un ejemplo del comportamiento observado).
El mismo patrón sirve para cualquier relación. Un cliente puede escribir el contexto («contratamos a Marta en 2024 para rediseñar nuestro proceso de facturación»), la anécdota («detectó una duplicidad que llevábamos arrastrando dos años y nos ahorró seis semanas de trabajo al trimestre») y el juicio («lo que valoro de ella es que pregunta más de lo que propone al principio, y por eso la solución encaja en lugar de estrellarse»). Ese texto se lee entero, se recuerda y se enseña.
Los cuatro anti-patrones que hacen que una recomendación no sirva
Son los que más se repiten en la sección de recomendaciones desde 2018 y los que, en 2026, un lector avanzado ignora en tres segundos. Si tu recomendación (pedida o escrita) cae en alguno, empieza otra vez.
- Elogio abstracto sin ejemplo: «gran profesional», «excelente compañero», «siempre dispuesto a ayudar». Sin una anécdota detrás, esas frases se leen como plantilla.
- Repetición del titular del perfil: si la recomendación repite lo que ya dice el «Acerca de», está anulando su función de contraste. Aporta ángulos que el propio perfil no puede aportar.
- Longitud excesiva sin sustancia: recomendaciones de doce líneas en las que las diez últimas dan vueltas al mismo elogio. Mejor cinco frases con carne que doce con aire.
- Fecha reciente para una relación antigua: si la última recomendación es de hace ocho años, transmite que hace ocho años que nadie te vio trabajar. Una o dos actualizadas en los últimos dos años cambian esa lectura.
Cuántas recomendaciones tener y cada cuánto renovarlas
El número que funciona en 2026 está entre tres y siete recomendaciones bien elegidas. Menos de tres queda escaso; más de siete satura y baja el promedio de calidad (los ojos leen las dos o tres primeras y descartan el resto). La primera debe ser la más fuerte, porque es la única que muchos lectores llegan a leer.
La cadencia sana es una recomendación cada seis o nueve meses, no más. Cuando cambies de proyecto grande, cuando cierres una colaboración importante con un cliente, cuando termine un mandato como jefe o mentor. Pedirlas en tandas cada dos años produce siempre textos peores porque a la persona ya se le han borrado los detalles.
La revisión periódica que sí conviene hacer es leerlas de arriba abajo una vez al año y ocultar (no borrar, LinkedIn permite ocultar sin eliminar) las que ya no reflejen bien tu trabajo actual. Una recomendación de un rol que abandonaste hace cinco años puede confundir más que sumar.
Cómo escribir un Acerca de que trabaje por ti mientras duermes
La señal humana verificable que ninguna IA puede fabricar
En un momento en el que el resto del perfil puede estar generado, retocado o traducido por modelos, la sección de recomendaciones es la única que sigue siendo, literalmente, palabra de otra persona con nombre y apellidos. Esa señal es cada vez más valiosa cuanto más sospechoso se vuelve el feed.
Cuidar la sección no cuesta mucho: cuatro o cinco recomendaciones concretas de las personas correctas, escritas con anécdotas verificables, y una revisión anual para mantenerla limpia. A cambio, es la parte del perfil que más sube la conversión de quien te lee sin conocerte, y la única que en 2026 se defiende sola.